Incidencia de la pérdida de hijos en la relación de pareja

Por Carlos Juan Bianchi 

Al iniciarse el duelo, vivencias confusas y negativas como la culpa, el resentimiento, la impotencia, la sensación de ser incomprendidos por el medio familiar y social se hacen presentes en ambos padres.
Son además estas emociones vividas de modo particular en cada uno de ellos, y a menudo no coincidentemente.
Frente a tales hechos el silencio, la incomunicación, la hostilidad o los reproches, se instalan en la pareja que buscará entonces resolver individualmente su duelo distanciándolos aún más.
Probablemente un falso sentimiento de “fidelidad” hacia el hijo ausente hará que disminuyan o se anulen las gratificaciones habituales de la pareja, ahondando así el dolor y la tristeza. De este modo el distanciamiento entre los padres será evidente y el sinsentido del vínculo comenzará a instalarse en ellos.
Se apoyan en estos hechos las estadísticas que hablan de un aumento de las separaciones en las parejas que han perdido hijos.(**)
 
Al detenernos en el análisis de este desarrollo, notamos que las características del vínculo preexistente a la pérdida cobran una incidencia fundamental en la evolución de los hechos.
Los que con antelación al duelo sobrellevaban una relación conflictiva son los que dan razón a éstas estadísticas, ya que la pérdida obra como detonante que pone en evidencia todo lo que hasta allí se negaba.
De todos modos la separación podría evitarse si llegado a este punto ambos padres reconocen y asumen su propio conflicto, y recurriendo a una ayuda externa ( espiritual o terapéutica) evitan sumar al dolor del duelo la ruptura del vínculo matrimonial.
En cambio, una pareja bien integrada compartirá su dolor, cada uno será para el otro el mejor interlocutor para su duelo, buscarán juntos ayuda, esclarecimiento, consuelo, y unidos recorrerán el difícil camino.
No habrá silencios, recordarán al hijo a veces con una lágrima, otras con una sonrisa, y el vínculo quedará fortalecido por la experiencia compartida.
 
Algunas sugerencias finales para los padres que atraviesan éste tipo de situaciones son:
 
·      Poder escuchar las demandas y requerimientos del otro.
 
·      Identificarse con el sentir de su cónyuge
 
·      Romper los pactos de silencio con respecto al duelo.
 
Recordar al ausente cada vez que sientan necesidad de hacerlo, de manera  intimista y sin la presencia de terceras personas que no siempre están dispuestas a participar de este tipo de reminiscencias.
 
·      No postergar un diálogo por temor al conflicto.
 
·      Incluir la tolerancia y las concesiones en la relación.
 
·      Rescatar los roles perdidos o empobrecidos dentro de la pareja.
 
          Poniendo en práctica éstas sugerencias, tal vez logremos que las paralelas de la existencia individual en la pareja que enfrenta el duelo, puedan unirse para un compartido beneficio.
 
 (*) Aunque referida a la muerte de su amada esposa, y no a la de un hijo, la siguiente estrofa en la que Macedonio Fernández describe su honda pena, encierra con lucidez el sentimiento que embarga al ser humano ante una pérdida irreparable;
 
                    ( Amor se fue); mientras duró
 
                                           de todo hizo placer,
 
                                           cuando se fue,
 
                                           nada dejó que no doliera.
 
(**) He conocido, sin embargo, varios casos en que la pareja de padres se había separado con bastante antelación al doloroso suceso de la pérdida de un hijo, y el hecho de sentirse unidos en el dolor los ha acercado nuevamente a reiniciar la vida en pareja.

Carlos Juan Bianchi 

Médico psiquiatra y psicoterapeuta. Tras la muerte repentina de uno de sus hijos en 1990 ha centrado su labor profesional en torno a la terapia de pareja y la elaboración de los duelos motivados por pérdidas significativas. 
Autor del libro  "El proceso del duelo" (Editorial Corregidor, Buenos Aires, 2003).


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