Víctimas y proceso de duelo
Extracto del artículo del mismo título de Aitor
Barrenetxea publicado en la revista de Elkarri
(...) El hecho de que la muerte ha sido debida a "la mala
intención" de algunas personas va a añadir un elemento de gran dificultad
para la resolución del duelo. La aparición del odio será una consecuencia
lógica de tan dolorosa pérdida, nos encontramos con una emoción de difícil
resolución. (...) Una tarea necesaria para que nuestro duelo concluya de manera
satisfactoria, es la vivencia de las emociones hasta vaciarnos del dolor. Nos
puede pasar con el odio que, a pesar de vivenciarlo intensamente una y otra vez,
nos sentimos "llenos de odio". La resolución del odio necesita de un
cambio de perspectiva, pues sin éste nuestra vivencia del odio no nos liberará
sino que servirá para retroalimentarlo. Tampoco servirá una negación del
odio, ya que es inaceptable dentro de una creencia religiosa o espiritual.
Tenemos que ser honestos con todo nuestro mundo emocional, el odio debe ser
vivenciarlo pero sin retroalimentarlo. Cada vez que nos demos cuenta de que
nuestra mente está buscando venganza, por muy legítima que sea, será momento
de no echar más leña a nuestro fuego interior, observando sin reaccionar el
flujo de la mente como el de nuestras sensaciones físicas hasta que remita. La
perspectiva que necesitamos es la de que el odio tiene que llegar a su fin, y
éste sólo concluirá, con el perdón.
Cuando perdonamos, a quien de verdad liberamos es a nosotros mismos de la tarea
de tener que seguir sufriendo, el odio es como un veneno que puede convertir en
amargura el resto de nuestra existencia. Es muy importante que seamos
conscientes del poder destructivo de esta emoción, de su capacidad para
cegarnos y hacernos cometer las mayores bajezas humanas, que seamos conscientes
de que su único antídoto es el perdón, el amor. Palabras fáciles de escribir
pero difíciles de vivenciar después de una pérdida tan grande, enmarcada
además en un conflicto sin solución, donde la violencia sigue causando y
causando víctimas.
Me imagino a personas que han perdido a sus seres queridos en este conflicto,
cuando estén leyendo estas líneas se preguntaran: ¿ pero el posible que se
pueda perdonar un agravio tan grande? Otra pregunta podrá ser: ¿cómo puedo yo
llegar a perdonar? Incluso, ¿perdonarles sin que hayan pedido perdón
previamente?
Cuando exigimos a nuestros enemigos que nos pidan perdón para que les podamos
perdonar estamos poniendo nuestro potencial de liberación interior en sus
propias manos. Lo más probable es que les importe un bledo, a no ser que ellos
también se encuentren en un proceso profundo de transformación. Entonces,
¿por qué delegar nuestra libertad, nuestra paz interior, precisamente en esas
personas?
No existe una receta de cara al perdón, perdonar a los responsables de la
muerte de mi ser querido requiere una profunda transformación interior. Para
algunas personas creyentes una gran fuente de inspiración puede ser la figura
de Jesús en la cruz, pidiendo perdón para quienes le habían humillado,
latigado y crucificado. Otro personaje de gran talla humana hoy en día es la
figura del Dalai Lama, líder espiritual y político de un pequeño país, el
Tibet, que está sufriendo un genocidio cultural y humano, que ha costado la
vida a una quinta parte de la población tibetana a causa de la gran potencia
china. Él habla de "mis hermanos los chinos" por los que dice no
sentir ningún odio sino compasión.
Un valioso apoyo para la resolución del duelo será la figura de un
psicoterapeuta, alguien con quien podamos expresar nuestro dolor, comprendernos
a nosotros mismos examinar nuestra opciones, redefinir nuestros objetos, ganar
nueva perspectiva y completar nuestro duelo.
(...) Es importante que seamos conscientes que, por muy dolorosa que sea nuestra
experiencia, todavía seguimos siendo dueños del espíritu con él que podemos
vivir nuestro destino. Es indudable que cualquier persona que ha perdido a un
ser querido en éste conflicto ha sido confortada con un profundo reto el de
sucumbir ante la adversidad o usar ésta para transformar su vida. Algunos no
querrán seguir viviendo, otros optarán por intentar olvidar y así procurar
huir inútilmente de tan dolorosa experiencia. Existirán quienes de manera
compulsiva reaccionarán desde su odio intentando saciar infructuosamente su
necesidad de venganza. Habrá quienes embarcados en un proceso de
transformación personal servirán de ayuda a otros como ellos, dando así
sentido a su experiencia... Opciones todas muy respetables pero de muy diferente
repercusión, tanto a nivel de personas como colectivo.
Tenemos que ser conscientes de que los enemigos de nuestra libertad no sólo
están fuera de nosotros, sino que también dentro; esas dolorosas experiencias
del pasado no resueltas son las que nos esclavizan y no nos permiten ser libres.
Por esto, mi más sentido deseo a todas las personas que os ha tocado vivir esta
dolorosa experiencia de que tengáis el coraje para enfrentaros con una actitud
de transformación y algún día lleguéis a sanar de tan profunda herida.
Aitor Barrenetxea